Tres denuncias del padre de un torturado por la Ertzaintza.
Publicamos juntos los tres artículos.
GARA, 14/12/2002Iritzia > Kolaborazioak
El pasado 12 de noviembre, de noche, mientras entrenaba a los chavales de la Escuela de Pelota, mi hijo Andoni fue detenido, esposado, conducido a casa para su registro, trasladado incomunicado a Arkaute para ser torturado salvajemente durante tres días y cuatro noches, entregado el sábado día 16 a los tribunales de la Audiencia Nacional y, finalmente, ingresado en la prisión de Valdemoro, que le pareció el cielo después del infierno que había tenido que soportar en los calabozos de Gasteiz. Nuestro único hijo, detenido, torturado, entregado y encarcelado, antes de ser juzgado.
Tengo muy claro que, al menos de momento, no me voy a referir ni a Javier Balza, que, con sospechosa machaconería, niega que en sus dependencias se torture, ni me voy a referir a Josu Jon Imaz, vocero parcial y encolerizado de sólo una de las versiones, ni, por supuesto, me referiré a Juan José Ibarretxe, obcecado hasta la paranoia en sólo la violencia de uno de los bandos. Y no me referiré a ellos, al menos en principio, porque carecen de autonomía, porque son pelín secos de talento, porque son decidores transmisores de lo que les mandan, porque son provisionales, porque son cortitos para la tremenda importancia de las funciones de los cargos que representan, porque son sumisos y porque, quizás, debido a estas circunstancias, sean hasta algo menos culpables que aquellos que les eligieron y mantienen en el puesto.
Hombre, la detención y posterior tortura de mi hijo sin duda que algo tiene que ver con ellos, pero ciertamente no son los protagonistas principales. Los puestos que hoy ocupan los han ocupado otros antes y, si siguen ganando, los ocuparán en el futuro camaradas diferentes. Los tres son responsables renovables, de quita y pon, de segunda categoría, dicho esto con todo el respeto que me merecen. Son, si se quiere, los que dan la cara.
Yo a quien debo y quiero referirme es a los verdaderos responsables, a los que ostentan label de ejecutivo, que no son los mandados sino los que mandan, que no son los dirigidos sino los que dirigen, que no son los renovables sino los permanentes, los fijos, aquellos que manejan desde hace más de veinte años los hilos del poder, los que se mantienen mientras sus satélites van rotando. Los cerebros, en una palabra. Los que planifican, los que planean las estrategias, los que determinan las alianzas. Y concretamente, en este artículo, me estoy refiriendo a ti, burukide importante, dicen que de los más importantes si no el más importante, con quien me ha tocado por motivos profesionales rozar más veces y durante más tiempo. El suficiente para conocernos mutuamente.
Te va a resultar fácil identificarte porque, por razones laborales, hemos compartido mesa y mantel durante varios años en los mejores restaurantes de Bilbo y aledaños. Para nosotros eran ¿recuerdas? los primeros perretxikos, los mejores percebes y los vinos de más solera. A los postres, siempre la misma y aburrida cantinela política, pues carecías de conversación de más fuste temático. ¿Quién me iba a decir entonces que tus embozados me iban a llevar al chico de casa y torturarlo tan cobardemente como lo han hecho? Aunque debí suponerlo.
Te adelanto que he dejado transcurrir un tiempo callado para que no me traicionaran ni el rencor ni la cólera; te prometo que, como estás viendo, voy a ser lo más elegante que pueda en mi léxico y que no voy a caer en el juego de todos aquellos que se frotan las manos cuando consiguen que nos enfrentemos entre nosotros. Lo tengo muy claro. Pero tampoco me voy a cortar.
Por mor de los votos, todo hay que decirlo, habéis tenido, mi querido burukide, la grave responsabilidad durante todos estos años de gobernar este país tan querido, de gestionar este país tan variopinto, responsabilidad sobre todo de construir un país nuevo con un programa muy claro que emanaba de la doctrina que nos legó aquel a quien seguís deshonrando en Sukarrieta. ¡Ay, ama, si levantara la cabeza! Conoces igual que yo que los pilares de un país son su territorio, su idioma, su economía, son sus medios de comunicación, su gente, sobre todo los jóvenes, es su cultura. No era pequeña ni poca la tarea que asumisteis y que teníais y, de momento, tenéis encomendada.
¿Cuál es vuestro balance? ¿Qué es de Nafarroa y de Iparralde? ¿Qué es del euskara? ¿Qué de las empresas, que si alguna estornuda llámese cambiar de sede o trasladarse a otra campiña nos provocan pulmonía? ¿Por qué, cuando os mencionan el cupo, tiembla el misterio? ¿Dónde están los medios que Euskal Herria tiene para crear opinión? ¿Qué le estamos ofreciendo a la juventud? Sobre todo, ¿dónde encontramos una cultura compacta y firme que nos configure como pueblo euskaldun? ¿Y qué está pasando en y con la Universidad Vasca? ¡Cuánto déficit, burukide, en asuntos tan fundamentales! En la empresa privada, hace ya tiempo que os habrían echado a todos por inoperantes, por ineficaces. Vosotros, a pesar de todo, seguís.
Se os eligió para dar solución a los problemas, que los hay y muchos, no para perpetuarlos. Y el de la violencia no es el menor de ellos. Las pasadas navidades escribía yo en una revista, refiriéndome a la clase política, a vosotros: «Porque no hay muertos míos y muertos tuyos. Los muertos no tienen bandos. Todos los muertos reposan sobre una única mesa. La mesa de los que saben el remedio, pero se empeñan en no aplicarlo. De ellos son todos los muertos». Lo mantengo, y hoy añado: también los torturados están sobre vuestra mesa.
Mi aita conoció los cuartelillos por sus ideas nacionalistas. Un servidor conoció la comisaría por el mismo delito. Ahora le ha tocado a mi hijo... ¿Ha cambiado algo? Sí. Y mucho. Pero a peor. Mi aita se las vio con la Guardia Civil. Yo, con la Policía Nacional de Indautxu, y a mi hijo lo ha detenido, esposado, torturado y entregado vuestra Policía autonómica. Un matiz fundamental.
No voy a hablar de nepotismo en vuestra gestión de este país, de asignaciones de contratos a dedo, de culos apoltronados, de estómagos agradecidos ni de corrupciones porque no me las creo, por mucho que me cuentan a la oreja que están a la orden del día. Vuestro pecado no lo es tanto que os sintáis cómodos en España sino que habéis propiciado que la España más reaccionaria se encuentre comodísima en Euskal Herria.
Preguntad en Arkaute lo que le habéis hecho a mi hijo y a los demás detenidos. Luego me lo contáis. Después lo publicaremos para que no vuelva a repetirse, para desmentir ciertas bocas y para que todo el mundo, sobre todo el que os vota, sepa la verdad, burukide. -
GARA, 24/12/02
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Luis Beroiz - Ldo.
en Económicas y Derecho por Deusto
Testimonio
Andoni Beroiz Zubizarreta es detenido el 12 de noviembre, en un alarde de tacto y finura, en el frontón Kurutzea de Galdakao mientras entrenaba a los alumnos de la Escuela de Pelota. No fue grande su sorpresa porque ya, semanas antes, había sido acosado y seguido al salir de clase en Durango y, días más tarde, retenido una noche en Beasain por asistir al homenaje de un ser querido. Pero dejemos que sea él mismo el que nos lo cuente.
«El día anterior a la detención, aita, ya vi a dos tipos raros que espiaban desde la grada mis movimientos con los chavales. Eran los mismos que al día siguiente me detuvieron. Pero no había razón para ocultarme ni tengo nada para oculta».
Vinieron a casa con él esposado, embozados y armados hasta los dientes. Eran un montón y la TV junto a otros medios, de invitados en primera fila. Tras dejar todo patas arriba durante dos horas, además de a mi hijo se llevaron mi ordenador con el trabajo de siete años en sus tripas. Aunque venía de entrenar, no le permiten ducharse ni se lo permitirían hasta su traslado a Madrid, cinco días más tarde. Pero, no le cortemos a Andoni.
«Nada más introducirme al furgón, al oír las numerosas voces de ánimo de la gente, me dicen: ¿Ya oyes? Pues escúchalos bien, porque de ahora en adelante sólo vas a oír tus propios gritos. El viaje a Arkaute lo hago entre constantes amenazas y gritos. Era sólo el aperitivo. Una vez allí, da comienzo el verdadero infierno. Hora y pico de interrogatorio y 20 minutos de calabozo para reponerse ellos y para reponerme yo. Así de forma continua, de día y de noche, durante toda la detención. No me dejaron dormir ni un solo minuto. Vigilia total los tres días y cuatro noches. La luz permanentemente encendida. Uno de ellos hacía de bueno y los demás de malos, alternándose.
En los interrogatorios, anunciados casi siempre con una música tétrica, nos hacían adoptar dos posturas que , en su jerga, eran:
'La postura de gozar'. Consistía en permanecer en cuclillas, con las manos atrás y recibiendo constantes patadas en tobillos y talones. El sudor provocaba una charca debajo de mis rodillas...
'La postura de Spider Man'. Que consistía en estar de pie, de cara a la pared y con las manos arriba.
El interrogatorio se hacía a base de fuertes gritos muy junto a la oreja. En un momento determinado, haciendo como que me pegaban, rompen una silla contra la pared y, a partir de entonces, una de sus patas les sirvió para realizarme tocamientos, amagando su introducción por el ano».
Lo que acabáis de leer nos lo va desgranando nuestro hijo en el locutorio de Valdemoro, mirándonos a los ojos, con una gran sinceridad y tranquilidad, y sin rencor aparente alguno. Dejemos, sin embargo, que nos siga contando...
«Las imputaciones fueron por este orden y según la jerga de ellos:
Acusaciones de primera división. Es decir, pertenencia a banda primero y colaboración con banda, después. Al no conseguir nada, pues no hay nada que conseguir, llegaron las
Acusaciones de segunda división, o sea, de kale borroka. Aquí me pasaron por el morro alrededor de 30 ekintzas para que firmara, luego 20, luego 10 hasta que no pude más y firmé, creo que media docena que después negué ante la juez.
Aita, yo ya no estaba fresco y me los tenía que quitar de encima como fuera. Además utilizaron una táctica que me afectó».
Al ver que no conseguían lo que andaban buscando porque Andoni, como buen deportista, es fuerte y no se desmorona fácil, la táctica fue meterse con la familia, meterse conmigo concretamente. «Se metieron contigo, aita. Conocían tu vida y milagros. Me decían que ya no te iba a ver más con vida y que habías estado muy farruco en la detención. Que te iban a amargar la existencia. Por si fuera poco, en esos momentos entró uno gritando que les habían concedido un par de días más de incomunicación. Se me cayó el calabozo encima. Además, añadieron que ya habían empezado a cantar los más de treinta que habían detenido. Todo mentira».
Andoni, durante la detención, estuvo tres veces en el hospital. La primera, la de rutina. La segunda, sacándose placas, con una tendinitis bicipital en el hombro derecho como consecuencia del trato y las posturas. La tercera, para hacerle un análisis de sangre por fortísimos dolores en el abdomen. Lo llevaban cuando por el color de las uñas del detenido intuían que se les estaba yendo la mano. El trato de los médicos y enfermeras de Txagorritxu fue de lo más exquisito; no así el de los que le custodiaban. «Aita, quién me iba a decir a mí que precisamente en Madrid iba a encontrar la gloria, después de aquel infierno».
Hasta aquí la violencia contra Andoni. Lo que recuerda. La violencia de Andoni, os la digo. Consiste en ser joven, vasco, amante de las cosas de su pueblo: el euskara, su tierra, la independencia, la pelota... Su violencia y su delito son ser y haber sido generoso y, ¿por qué no? «peleas». Lo que le imputéis será ya otro tema. De momento nuestro único hijo ha sido detenido, torturado, entregado y encarcelado, antes de ser juzgado. Me queda la tortura a que fuimos y estamos siendo sometidos sus padre y madre, amigos y familiares. Que ésa es otra, y no precisamente manca. Quizás otro día. -
GARA, 05/01/2003
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Luis Beroiz - Ldo.
en Económicas y Derecho por Deusto
Cada uno en su sitio
Se llevan a tu hijo y te quedas solo. Te asomas al balcón para ver cómo lo introducen en el furgón y, al oír los numerosos gritos de los que le dan ánimo, te viene la congoja y sollozas sin remedio. Entras en casa, intentas desentrañar la trascendencia de lo sucedido, pero no te dejan. Suena el timbre y comienzan a entrar vecinos, de todas las ideas, algunos llorando y el resto reprobando la aparatosidad del espectáculo, insultando de corazón a sus protagonistas. Te animan. «¿Pero cómo es posible que se hayan llevado a Andoni?». Suena de nuevo el timbre y van llegando amigos, a algunos los conoces y a otros no. Escuchas ofrecimientos que te ponen los pelos de punta. Cuando se van, muy entrada la noche, te quedas de nuevo solo. Ahora empiezas a rumiar la trascendencia. Quieres comunicarlo a toda tu familia antes de que se enteren por los periódicos, pero es muy tarde para llamar y es preferible atrasar unas horas la noticia. No puedes cenar. No puedes dormir y no quieres llorar. Hay un entretenimiento y nos agarramos a él. Decidimos poner en orden la casa que está patas arriba. Eso nos lleva toda la noche.
Al día siguiente y sucesivos, corrientes de aire puro se alternan con corrientes de aire fétido. Se multiplican las llamadas, se multiplican las visitas. Te dicen que la Escuela de Pelota donde Andoni es monitor y pelotari ha sacado un comunicado de apoyo y ha suspendido los partidos en que iba a participar el detenido. En las manifestaciones de la tarde, a las que asistimos, un montón de alumnos, cosa nunca vista, pidiendo su libertad. Ya preso en Madrid, nos piden la dirección y es masivo el envío de cartas y telegramas. Casi llegas a pensar que la detención ha sido una lotería, tanta es la satisfacción que te produce esta solidaridad.
Pero al puro le sucede el aire fétido. La prensa y la televisión se solazan y transmiten imputaciones inverosímiles procedentes de la misma y única fuente. Todo vale. Nos llama la madre de otro detenido y nos dice que a su hijo lo han llevado al hospital. Me da un teléfono de la Ertzaintza, llamo, me piden datos y me dicen que en dos minutos me ponen al corriente de la situación del chaval. Pasan dos, pasan diez, pasan treinta minutos y nada. Alguien que está en casa de visita me insinúa que hable con el alcalde. Le contesto que no contaba con él por considerarlo más cerca de los calabozos de Arkaute que de Bizkai Kalea, la calle donde vivo. Me dice que, en estas situaciones, hay que hablar hasta con el diablo. Me convence y bajo, en mala hora, a los mismísimos infiernos. Toda, absolutamente toda la información que me da, resulta mentira, peligrosa mentira:
Andoni estaba bien, recibiendo un buen trato y sin pisar el hospital salvo la vez de rutina. Palabras textuales: «Koldo, no debes hacer caso de bulos...».
A Andoni, y esto me lo dijo dos veces consecutivas, le trasladaban el domingo. Yo sabía por los abogados que le trasladaban el sábado, como así fue.
La operación estaba cerrada para Galdakao. Nadie tenía nada que temer.
Mi hijo visitó tres veces el hospital y, a los pocos días, otros tres chavales del pueblo fueron detenidos por la Ertzaintza. Los aitas de otro detenido del pueblo concertaron una cita con el alcalde, me invitaron y me negué en redondo. Me da lo mismo que le engañaran a él o que él me engañara a mí. Son almejas de la misma paella. El o a través de él, alguien había añadido más dolor a nuestro dolor. Todavía sigo esperando que me pida perdón o que denuncie públicamente a sus informadores o que llene los portales, como hace con otras violencias, con la denuncia de las torturas de sus vecinos. Sé que no lo va a hacer, porque si lo hace su culo se queda sin asiento, se queda sin poltrona. Es un problema de elección entre dignidad y seguridad en la comodidad. Allá él.
Mientras esto sucedía, las muestras de solidaridad «para cualquier cosa que queráis» seguían multiplicándose, las misivas a Valdemoro seguían incesantes. Un recuerdo especial a todos, unos quince, los que nos acompañasteis a Madrid el día de la entrega. Sin vosotros habría sido insoportable.
No debo ni quiero ni puedo pasar por alto el olvido a que nos ha sometido el IMD de Galdakao y la Federación Vizcaina de Pelota. El que suscribe lleva 17 años donando su tiempo libre a este deporte en el pueblo, el chaval es pelotari federado desde hace un montón de años, y ni una palabra aunque sea de repulsa. Nos han juzgado, ya. Y han decidido condenarnos. A ambos. Allá ellos, también.
Lo más sangrante probablemente de todo ha sido, sin embargo, esa sucesión de declaraciones escalonadas y coincidentes que, durante estos días, se han ido produciendo sospechosamente en defensa de los chicos que torturan. Así, repasando hemeroteca, el EBB, tras la detención televisada de mi hijo, se queja amargamente de TVE «por omitir cualquier información sobre la importante operación de la Ertzaintza, disponiendo de imágenes y documentación». ¿Esto qué es? ¿Un pulso para ver cuál de las policías da más fuerte? Luego Balza, en su turno, se congratula de que no sé qué organismo europeo no le incluye entre los torturadores del Estado español. ¿De verdad que le excluía? ¿Cómo lo sabe? Acto seguido, el señor Imaz cada vez tiene más parecido con el señor Iturgaiz hincha pecho y nos suelta que «la sociedad vasca erradicará la violencia de este país». ¿Te refieres a la que habéis usado con mi hijo, Josu Jon? No podía faltar en el coro de voces la del jefe señor Arzalluz recordándonos que la denuncia de la tortura no es más que una consigna de los detenidos. ¿Te atreverías a decírmelo a la cara o decírselo a mi hijo, Xabier? El colofón lo puso Juan José Ibarretxe durante el acto de entrega de diplomas a 184 nuevos y democráticos ertzainas. Entresaco dos perlas: «Ahora más que nunca no tiene sentido la violencia, porque es perfectamente posible debatir sobre las ideas y respetar las de los demás» (¿te refieres a la empleada contra mi hijo por alguno que probablemente te estaba escuchando, Juan José?) y «la Ertzaintza se caracteriza por su trabajo a favor de todos los derechos fundamentales». Sin comentarios, Lehendakari.
Todo esto me lo habéis ido pasando por el morro inmediatamente después de detener, esposar, torturar y entregar a mi hijo.
Aire fresco me llegó desde tierras navarras, desde mi pueblo. También me han llamado, también me vinieron a ver, también se manifestaron en solidaridad. Pero tampoco allí me faltó el aire fétido, señor Urbiola. Yo pinté paredes en Bizkaia, pidiendo tu libertad. Tu aita Modesto, condenado a muerte, estoy seguro que ya me habría llamado preocupándose por nosotros, si viviera. Tú no lo has hecho, José Antonio. Tu silencio, lo siento, lo interpreto como aprobatorio de este infierno que ha pasado Andoni y estamos pasando nosotros. Lo entiendo. ¿Tampoco te dejan moverte en la foto? -
Recomendamos leer un cuarto incisivo y sólido articulo del mismo autor titulado Preguntas publicado en GARA el 18 de enero y dos feroces noticias posteriores sobre su hijo. Están AQUÍ.